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jueves, 28 de julio de 2011

MENSAJE DE OLLANTA HUMALA DEBE PRECISAR LOS EJES CENTRALES DE SU GOBIERNO

Ex diputado de izquierda OSCAR FELIPE VENTURA

DECLARACIÓN POLÍTICA

EL RETO ES CAMBIO O CONTINUISMO

El primer mensaje del presidente Ollanta Humala en el Congreso de la República debe precisar los ejes fundamentales de su gobierno, el que debe ratificar con énfasis la imperiosa necesidad de cambio que requiere el país; decisión por la que votó la mayoría de peruanos el pasado 5 de junio. Esto es fundamental para devolver la confianza a las expectativas de la población y porque la voluntad de cambio de nuestro pueblo debe ser honrada. La responsabilidad del nuevo gobierno es histórica e irrenunciable.
Los ejes centrales son: 1º) Ratificar el cumplimiento de las promesas electorales; la lucha implacable contra la corrupción, promoviendo la regeneración moral y una nueva cultura política sustentada en valores éticos; 2º) Desarrollar los procesos para democratizar la sociedad, reformar el Estado y la descentralización efectiva. Avanzar hacia una nueva Constitución; 3º) Una economía de bienestar popular sustentada en un modelo que vaya más allá del modelo primario – exportador. Desarrollo y promoción de la pequeña y mediana agricultura fortaleciendo el mercado interno; 4º) Defensa de los recursos naturales. Rebaja del precio del gas. 5º) Reforma tributaria e impuesto a las sobreganancias mineras; 6º) Reforma educativa integral con el rol protagónico de los maestros, etc.
Lo que el Perú necesita es iniciar un nuevo rumbo y una nueva forma de conducción en el manejo del Estado y el gobierno. Es indispensable abrir paso a cambios profundos en la economía, en el Estado, en la política y en la ética. De nada serviría cambiar un gobierno para que todo siga igual.
Cambio o continuismo es el problema central a resolver en el Perú. De la forma en que se resuelva esta contradicción dependerá la solución de los problemas estructurales del país. Pero no existen cambios de verdad sin tensiones, sin resistencia de los privilegiados; tampoco, sin sustituir las bases económicas, políticas, sociales y jurídicas en que se sustenta el neoliberalismo. Lo demás suena a demagogia, la mejor receta inventada para confundir y engañar a los pobres y excluidos del festín.
El pueblo votó por el cambio. Ese es el reto del gobierno de Ollanta Humala. Ha llegado el momento de cerrar un ciclo en la historia nacional y abrir un nuevo rumbo. No habrá verdadera transformación ni serán verdaderos los avances si el pueblo no es tomado en cuenta. Los retos no son fáciles y muchos los obstáculos; hay que estar advertidos. La presión de los grupos de poder económico es evidente; vienen imponiendo condiciones. Concuerdo con quienes sostienen que no es gabinete de concertación. Discrepo con quienes argumentan que la decisión de Humala de escoger a Castilla y Velarde es para “dar confianza”. ¿A quién?. A los que han capturado al Estado, para que sus intereses y privilegios no sean tocados. Así lo hicieron con Alan García.
Si el pueblo votó por el cambio, la responsabilidad del nuevo gobierno es asumir este mandato.

Trujillo, 27 de Julio del 2011

OSCAR FELIPE VENTURA  Dirigente Nacional del Movimiento Nueva Izquierda

¡¡¡No dejes que los que no sueñan, te detengan!!!

lunes, 25 de abril de 2011

SUTE LIMA COMPARTE UN PUNTO DE VISTA DE UN EX SECRETARIO GENERAL DEL SUTEP SOBRE LA COYUNTURA ACTUAL

Perú 2011: derrotar a la derecha neoliberal, al autoritarismo, al entreguismo y al pillaje
José Ramos Bosmediano

Se ha iniciado la campaña electoral de segunda vuelta que concluirá con las elecciones del 5 de junio entre dos candidaturas: la de “Gana Perú” con Ollanta Humala y la de “Fuerza 2011” con Keiko Fujimori. Todas las expresiones políticas organizadas más algunas personalidades han definido ya su posición frente a las dos alternativas.  Casi toda la prensa escrita, radial y televisiva se ha convertido en la herramienta de campaña electoral a favor de la candidatura de Keiko Fujimori.  Hay más de un 20% de la ciudadanía que aún no ha definido su opción de voto.
En un artículo anterior, durante la campaña de primera vuelta, señalamos que las cinco primeras candidaturas con mayores posibilidades de pasar a la segunda vuelta representaban dos alternativas distintas: por un lado, la de “Gana Perú” con Ollanta Humala, la alternativa democrática progresista, con un programa de ciertas reformas al neoliberalismo en curso, que no el “radicalismo” señalado insistentemente por la derecha para generar el miedo a ciertos sectores de la población; y la de los partidos “Fuerza 2011” con Keiko Fujimori, “Alianza por el Gran Cambio” con Pedro Pablo Kuczynski, “Solidaridad Nacional” con Luis Castañeda Lossio y “Perú Posible” con el ex Presidente Alejando Toledo; todos, con algunas diferencias adjetivas, posiciones neoliberales iniciadas en la década del 90 del siglo XX bajo la orientación del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y el denominado “Consenso de Washington”.  Votar por Ollanta Humala era la única posibilidad de enfrentar, a través de las elecciones, la continuidad del dominio absoluto de los intereses más oscuros del capitalismo en el Perú. Con todas las limitaciones del programa de Ollanta Humala, no había otra alternativa que la suya.
El neoliberalismo fujimontesinista en la segunda vuelta
Así como las circunstancias de la crisis generalizada de la sociedad peruana y la mediocridad de las principales fuerzas políticas al finalizar la década de los 80 del siglo pasado determinaron el triunfo del más ruin de los gobernantes peruanos, Alberto Fujimori, hoy, con los mismos problemas no resueltos en el Perú y ante la creciente crisis de la democracia burguesa bajo dominio neoliberal, la hija del ex gobernante ladrón y criminal se ha impuesto sobre sus similares programáticos Kuczynski, Toledo, y Castañeda: la más mediocre de la mediocridad sobre los preferidos por los empresarios que pretenden eternizarse en el dominio de la economía peruana.  En última instancia, para estos, acostumbrados a valerse de las dictaduras militares o de los autoritarismos formalmente “democráticos”, no importa que sea Keiko Fujimori la nueva cabeza de sus negocios en esta oportunidad.  Se jugaron por Kuczynski en la primera vuelta, pues, como viejo truhán de las finanzas, les aseguraba un fácil manejo de los negocios desde palacio de gobierno, igual o mejor que lo hecho hasta hoy por Toledo y García Pérez, y mucho mejor que Castañeda Lossio, cuyas limitaciones han quedado demostradas durante sus ocho años en la Municipalidad de Lima Metropolitana.
Nuevamente las circunstancias políticas y sociales del Perú han puesto a una candidata de la calaña de Keiko Fujimori.  Esta ha cosechado, qué duda cabe, los votos de una población anestesiada ideológicamente por el asistencialismo (“populismo” le llaman) que ha desarrollado el gobierno de su padre y del que ella formó parte hasta el día de su huida del país en el año 2000.  Su campaña electoral ha consistido en la distribución de regalos a esa población condicionada por las migajas que entregan los explotadores y gobernantes de turno, “política social” “a favor de los más pobres”.  El otro sector social de su alta votación  es parte de la pequeña burguesía acomodada que ve en la continuación del neoliberalismo la seguridad de que no sufrirán ningún altibajo en sus ingresos, sin tener en cuenta lo que viene ocurriendo en Estados Unidos a partir de la crisis del programa neoliberal que fue llevado por George W. Bush a su máxima expresión de la especulación financiera que estalló como burbuja inmobiliaria en el 2008.  Otra parte de este mismo segmento de clase dio su apoyo a Kuczynski.
Que Keiko y la derecha neoliberal hayan obtenido más del 60 por ciento de la votación en la primera vuelta, es la manifestación de una situación de derechización de la sociedad peruana, de un conservadurismo político, social e ideológico, la hegemonía de una cultura pragmatista, individualista y adecuada al uso casi natural de los recursos del Estado en provecho de la corrupción generalizada que recorre el país de arriba hacia abajo.  El “roba pero hace obra” se ha arraigado en la conciencia social de una parte mayoritaria de la población.  Y Keiko Fujimori, como gobernante de los 90 del siglo XX, es la expresión quintaesenciada de esta ideología del pragmatismo más vulgar.  He aquí su ventaja sobre los demás neoliberales: lo que ha hecho el “chino”, haría ella en esta nueva oportunidad.  Si los neoliberales no fueran hipócritas, podrían haber renunciado a su candidatura para apoyar la de Keiko Fujimori.  Para la segunda vuelta, con algunas excepciones, se han unido contra Ollanta Humala.
La candidatura de Keiko Fujimori defiende el programa neoliberal, que   resumimos en los siguientes planteamientos: a) mantener el dominio del capital transnacional en todos los renglones de una economía primario-exportadora, especialmente minera y energética; b) hegemonía de la economía financiera especulativa, ajena a la necesaria industrialización del país; c) concentración y centralización de la gran propiedad y del comercio, conservando y consolidando los monopolios extranjeros y de un pequeño grupo de  empresarios peruanos; d) consolidación de una burguesía agraria agro-exportadora y el mayor debilitamiento de la pequeña y media agricultura para el mercado interno; e) la consolidación de la privatización de los recursos naturales, puertos, aeropuertos, vías de comunicación terrestres, educación y salud y la apertura a la privatización del agua para consumo humano; f) destrucción de lo que quedan de los derechos laborales y permanencia del sistema laboral desregularizado con service, contratos personales sin derechos para los trabajadores; g) más privatización de la seguridad social de pensiones y de salud; h) mayor debilitamiento del Estado frente al poder de los grandes negocios y ausencia de toda capacidad estatal para, por lo menos, regular los procesos económicos privados.   Este programa neoliberal es incompatible con una manejo honesto de la economía y de la administración del Estado, como ha quedado demostrado en estos últimos 20 años, de manera que la corrupción existente no solo se mantendrá, sino que se profundizará.
Tal es lo que espera al Perú si la derechizada población peruana, acicateada por numerosos y bien pagados periodistas, optan votar por la hija y cogobernante del más corrupto gobernante que ha tenido el Perú.  Que hoy haya declarado, desesperada como está, que el gobierno de su padre ha sido autoritario, no es más que una pose de “blanqueamiento político” para engañar a quienes han sido sometidos a un proceso histórico de alienación ideológica, sean o no conscientes de su situación. 
Ollanta Humala o la tendencia progresista en el Perú
La candidatura de Ollanta Humala se ha venido perfilando como una alternativa política de tendencia antineoliberal al haber planteado, desde el 2006, recuperar el rol del Estado en el dominio de la economía, especialmente de los sectores estratégicos y los servicios sociales, usando la terminología “blanda” de la “inclusión social” que el Banco Mundial y el PNUD han generalizado para alejarse de la lucha por la igualdad social, término ligado a las luchas revolucionarias del mundo contemporáneo, incluso de la propia Revolución Francesa, el momento más importante de las revoluciones burguesas del mundo moderno.  Este planteamiento es parte de la tendencia latinoamericana hacia el enfrentamiento a las políticas neoliberales, tanto desde posturas socialdemócratas, como las de Lula (Brasil), Funes (El Salvador), Lugo(Paraguay), Mujica (Frente Amplio del Uruguay), Zelaya (Honduras), Correa(Ecuador), Ortega (Nicaragua), como desde posiciones más cercanas al socialismo, como las de Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia.  Es lo que se denomina como tendencia al cambio, a la transformación económica y social en los países no solamente de América Latina, sino de todos los países dominados por el capitalismo actual.  El surgimiento de líderes como los mencionados, proclives a la lucha por un nuevo orden social, se explica por la inexistencia de fuerzas políticas revolucionarias que en otros tiempos encabezaban esa tendencia transformadora.  Frente a una derecha neoliberal dominante y la inexistencia de masas revolucionarias organizadas, los liderazgos progresistas y de izquierda representan los anhelos emancipadores de los oprimidos, sus aspiraciones democráticas y de cambio social, sus intereses de reivindicación en sociedades donde se han acentuado las desigualdades entre pobres y ricos, cada vez más profundas bajo la hegemonía neoliberal. 
Tal es la representación política de Ollanta Humala en el Perú.  Pero tal es también su debilidad al no sustentarse en masas organizadas para algo que no sean solamente la participación electoral, ya que, como ocurrió en Chile de los 70 del siglo pasado, la derecha empresarial y política, más allá de su derrota electoral, complotará para impedir que le quiten siquiera un milímetro de sus privilegios de clase explotadora.  Allende fue agredido en todos los terrenos, hasta la destrucción de su gobierno y de su propia vida y la implantación del neoliberalismo que hoy tiene a más de un millón de mapuches expulsados de su territorio ancestral, y a cientos de miles de trabajadores en condiciones de sobrexplotados, con la persona más rica del país (más de 2000 millones de dólares de riqueza personal) como Presidente, cuyas ingentes inversiones también están en el Perú.
La derecha neoliberal, al perder la primera vuelta con su candidato “estrella” Pedro Pablo Kuczynski, siente que su derrota en la segunda vuelta estaría asegurada, pues su eventual candidata Keiko Fujimori, por la hediondez política que representa, carece de suficientes posibilidades para derrotar a Ollanta Humala. Por de pronto, Mario Vargas Llosa, otrora ídolo intelectual y político de los nuevos dueños del Perú, se les presenta díscolo negando su apoyo a la hija del ladrón y criminal Fujimori, posición sentada en las páginas de El País, acaso el periódico español más leído del mundo. 
La derecha neoliberal y sus medios de comunicación se han propuesto profundizar la campaña de desprestigio contra Ollanta Humala, apelando a todo tipo de mentiras. Esta campaña debe ser tenida en cuenta para prever lo que esa derecha haría contra el eventual gobierno  del nacionalismo.  
No es verdad, como han dicho ciertos analistas políticos y hasta científicos sociales en sus columnas de opinión, que la lucha electoral actual se realiza al margen de las ideologías.  Hay una ideología neoliberal hegemónica que, a través de distintos mecanismos publicitarios, viene proclamando las bondades del libre mercado y la inutilidad de la participación del Estado en la economía, amén de toda idea contraria al liberalismo del siglo XVIII que hoy se ha trasmutado en neoliberalismo.  ¿Socialismo?, nada; ¿capitalismo?, todo.  ¿Reivindicaciones proletarias?, nada; ¿Ganancias capitalistas?, todo.  Así están planteadas las cosas, pese a que Ollanta Humala no plantea ningún programa radical.
Votar por Ollanta Humala es una necesidad política ineludible, incluso para quienes, desde posiciones liberales como las de Mario Vargas Llosa, sienten asco de la alternativa corrupta y delincuencial que representa Keiko Fujimori y su pandilla de malandrines políticos que están apareciendo con mayor desparpajo.  Votar por Ollanta Humala significa la posibilidad de recuperar los derechos laborales de los trabajadores tanto públicos como privados, frenar y revertir la privatización de la educación, la salud y demás servicios sociales, avanzar en la recuperación moral de las instituciones públicas y de la administración pública, seguir juzgando a los delincuentes que se han enriquecido asaltando los recursos del Estado, ejercer una política internacional digna e independiente del dominio imperialista, desarrollar una verdadera reforma de la educación y de la salud que reivindique los derechos de la población y de los maestros y trabajadores de la salud, defender nuestros recursos naturales y frenar la acción se saqueo por las transnacionales.
Quienes formamos parte del pueblo y hemos luchado desde nuestra juventud por los ideales de justicia social, incluyendo la transformación revolucionaria del Perú, enfrentando también a la dictadura fujimontesinista que nos reprimió de la peor manera, no podemos menos que apoyar la candidatura nacionalista de Ollanta Humala.  Hay una creciente tendencia a este apoyo incluso en quienes, durante la primera vuelta, se mantuvieron en posiciones eclécticas. 
No es una definición por la revolución que el Perú necesita.  Es, sí, un paso político de lucha contra el depredador neoliberalismo.  Es una decisión democrática, patriótica, ética, cuyo desenlace exitoso abrirá mejores posibilidades para que nuestro pueblo, nuestros trabajadores y nuestros campesinos e indígenas logren avanzar en la conquista de sus reivindicaciones y en la organización de su lucha por un nuevo orden social.
Derrotemos el entreguismo, el autoritarismo, el saqueo neoliberal y la corrupción fujimontesinista. 
Desarrollar la campaña casa por casa, barrio por barrio.  Realizar el trabajo de personeros en todas las mesas de sufragio. 
Hacer públicos los actos de entreguismo y corrupción de la dictadura fujimontesinista.
Demostrar ante la población la calidad de cogobernante de Keiko Fujimori durante la dictadura de su padre y exigirle que dé cuenta de los 6 mil millones de dólares robados al Estado, incluyendo el dinero entregado por Vladimiro Montesinos para que ella y sus hermanos estudien en Estados Unidos.
Organizar grupos o comités contra el fujimontesinismo y su candidata Keiko Fujimori, editando volantes a favor de Ollanta Humala, explicando a la población la razón del voto.
Lima, abril 25 del 2011